Día del Profesor: una carta sobre la vocación, la enseñanza y las huellas que permanecen
En el Día del Profesor, AVDDEA publica la carta abierta de Josefa Díaz, Profesora de Filosofía y Pedagogía, quien recorre su vocación, sus años de formación y trabajo en distintos niveles educativos, y los vínculos que la docencia puede sostener mucho después de que termina una clase.
A continuación, la carta completa.
Carta abierta por el Día del Profesor
Cada 17 de septiembre, en la Argentina, conmemoramos el Día del Profesor en homenaje a José Manuel Estrada, educador, escritor y una figura destacada de la enseñanza secundaria y superior de nuestro país.
Esta fecha es también una oportunidad para detenernos y reconocer a quienes eligieron la noble y compleja tarea de enseñar.
Ser profesor no consiste solamente en transmitir conocimientos. Educar también significa acompañar procesos, despertar inquietudes, estimular la creatividad, escuchar, orientar y estar presente durante una etapa fundamental en la formación de cada persona.
Detrás de cada clase hay preparación, esfuerzo, responsabilidad y compromiso. Hay horas de estudio que los alumnos no ven, decisiones que deben tomarse todos los días y, fundamentalmente, una vocación que se construye y se renueva con la experiencia.
Mi propio camino en la docencia comenzó mucho antes de entrar a un aula. Desde niña sabía que quería ser maestra. En aquellos años, además de la vocación, las posibilidades económicas, sociales y la distancia entre los pueblos del interior y las ciudades condicionaban muchas veces las oportunidades de formación. La docencia apareció ante mí como una posibilidad concreta de estudiar, trabajar y construir un futuro.
Me recibí primero como Profesora para la Enseñanza Primaria. Ejercí como maestra de grado en distintos lugares, entre ellos Pampa de los Guanacos y localidades del Chaco, como Río Muerto y Los Frentones.
Sin embargo, conseguir trabajo en Monte Quemado no era sencillo. Cuando se abrió una cohorte del Profesorado de Filosofía y Pedagogía en el ISFD N.º 6, decidí volver a estudiar. Aquella oportunidad me permitió ampliar mi formación y comenzar una nueva etapa profesional en la enseñanza secundaria y, posteriormente, en el nivel superior.
Con el tiempo descubrí que esos espacios también eran profundamente gratificantes. Trabajar con adolescentes y jóvenes me permitió acompañar transformaciones muy visibles: observar cómo una persona desarrolla sus ideas, madura, comienza a hacerse preguntas y encuentra nuevas herramientas para comprender el mundo. Al mismo tiempo, la enseñanza secundaria y superior me exigió continuar aprendiendo y creciendo profesionalmente.
Después de muchos años de actividad, me jubilé en 2022. La jubilación, sin embargo, no borra la identidad docente ni los recuerdos construidos durante tantos años frente a un aula.
La educación también ha cambiado.
Quienes ejercimos durante varias décadas pudimos observar transformaciones en la relación entre estudiantes, docentes y familias. En otros momentos existía, en términos generales, una presencia familiar más marcada en el acompañamiento de la escolaridad y un reconocimiento más explícito de la autoridad pedagógica del docente.
Eso no significaba que las familias tuvieran que enseñar los contenidos escolares. Muchas veces su aporte consistía en algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, fundamental: incentivar a sus hijos a asistir a clases, estudiar, escuchar, respetar y cumplir con sus responsabilidades.
Hoy los desafíos son diferentes y la escuela debe desenvolverse en una sociedad también diferente. Por eso, sostener el diálogo entre docentes, estudiantes y familias continúa siendo una parte esencial de la educación.
A lo largo de mi carrera tuve la alegría de reencontrarme con muchos exalumnos. Algunos volvieron a comunicarse años después para contarme qué estaban haciendo, qué carrera habían seguido o simplemente para compartir algún logro de sus vidas.
Recuerdo especialmente a un exalumno que, al recibirse como ingeniero, decidió escribirme. Me contó de su título y recordó una conversación que habíamos tenido muchos años antes, cuando todavía era estudiante. Aquellas palabras, que para mí habían formado parte de una jornada de trabajo entre tantas otras, habían permanecido en su memoria.
Ese mensaje me hizo reflexionar profundamente sobre la responsabilidad que implica ser docente.
Muchas veces un profesor nunca llega a conocer el verdadero alcance de una palabra, una corrección, una exigencia o un gesto de confianza. No siempre sabemos qué sucede con nuestros alumnos después de que dejan el aula. Tampoco podemos saber cuántas decisiones ayudamos a orientar o cuántas vidas contribuimos, aunque sea modestamente, a transformar.

Historias semejantes existen por miles en las escuelas. Muchas pertenecen a la intimidad de alumnos, familias y docentes y deben permanecer allí. Pero todas nos recuerdan algo: la presencia de un educador atento, responsable y dispuesto a acompañar puede convertirse en una referencia importante en la vida de una persona.
Durante mi formación y mi trayectoria docente escuché una enseñanza que quedó conmigo. El hermano Roque solía decirme:
“No importa si aprende poco o mucho, o si tiene dificultades para aprender; lo importante es ayudarlo a ser una buena persona”.
Con los años comprendí cada vez mejor aquellas palabras.
La educación necesita conocimientos, disciplina, estudio y esfuerzo. Pero también necesita humanidad.
Por eso, en este Día del Profesor quiero reconocer a quienes alguna vez fueron mis docentes y me hicieron creer que podía seguir adelante; a quienes me dieron la posibilidad de formarme; a los colegas y amigos que encontré durante mi recorrido por la enseñanza primaria, secundaria y superior; y a quienes hoy continúan entrando cada día a un aula, aun en medio de las dificultades.
A los profesores en actividad, gracias por continuar enseñando, acompañando y dejando huellas.
A quienes ya estamos jubilados, gracias por cada conocimiento compartido, cada consejo, cada corrección, cada muestra de confianza y cada historia construida durante tantos años.
Porque podemos jubilarnos de una institución, pero las huellas de la docencia permanecen.
Y tal vez allí se encuentre una de las mayores recompensas de esta profesión: descubrir, muchas veces años después, que algo que dijimos o hicimos en un aula siguió caminando en la vida de otra persona.
Feliz Día del Profesor.
Prof. Josefa Díaz
Profesora de Filosofía y Pedagogía
Fuentes
- Carta abierta por el Día del Profesor, entregada directamente a AVDDEA por la Prof. Josefa Díaz el 16 de septiembre de 2026.

